lunes, 15 de diciembre de 2014

Cuatro Rosas

            Quien me conoce sabe que soy un gran aficionado a los caldos fuertes. Tengo en el whisky uno de mis confortables predilectos. Por evolución natural, imagino, no he desdeñado tampoco el bourbon. De hecho, últimamente suelo beber el bourbon llamado Four Roses. 

           Según cuenta la leyenda, el nombre de este néctar sobrevino debido a que el fundador, un tipo llamado Paul Jones, Jr., que se había entusiasmado de una belleza sureña, le envío una propuesta del tipo que se enviaban entonces: haciendo saber a la pretendida que el pretendiente pretendía dejar de pretender y avanzar a la siguiente base. No es que en aquella época hubiera béisbol. Supongo que en aquel entonces se diría avanzar a la siguiente parada de la diligencia... o que quería abrevar al caballo… o cómo fuera.

            El caso es que la sureña respondió que en caso de que su respuesta fuera "Sí", se pondría un ramillete de rosas en el vestido durante el próximo gran baile que hubiera.

El amigo Paul Jones esperó con entusiasmo, e imagino que también algo de temor e incertidumbre, la noche del gran baile ... y, como todos podemos imaginar, cuando apareció la belleza sureña, llevaba un ramillete de cuatro rosas rojas, lo que le dio entender al futuro licorero que podría abrevar su caballo, por usar las expresiones de la época. Más tarde bautizó a su licor como Bourbon Four Roses como símbolo de su pasión devota por la encantadora belleza sureña que le hizo el hombre más feliz del mundo de una forma tan original.


Imaginen qué hubiera pasado si a la encantadora belleza le hubiera dado por responder que si la respuesta fuera “Sí”, llevaría cuatro flores de cardo…

viernes, 12 de diciembre de 2014

Todos Somos Sospechosos

En Todos Somos Sospechosos... Con Laura González...

http://www.goear.com/listen/0002eaa/entrevista-lupianez-lupianez





martes, 9 de diciembre de 2014

Reconociendo la Mortalidad

Hay, a lo largo del año, una fecha insoslayable en mi calendario. Una ocasión para asomarme al abismo de lo efímero. Una celebración orgiástica de la fragilidad humana. Es el momento de enfrentarme con mi propia mortalidad, mirarla cara a cara, y decirle: pues sí, voy a morir, ¿y qué conclusiones sacas de todo esto?

Los reconocimientos médicos se han tornado en pruebas de difícil superación.

Antes iba alegremente, creyendo que no pasaba nada. Un poco de bilirrubina quizá; la GPT alta. Bueno, claro. Por estadística, era probable que un reconocimiento se viera precedido de alguna jarana en donde la ingesta alcohólica fuera algo más excesiva de lo que una perspectiva de seguridad vial entiende por aconsejable. Ahora, en cambio, es difícil que mi pituitaria haya siquiera olido el amargor de los taninos en los días, e incluso semanas, previos a la hora R. Y los resultados son sensiblemente peores. Puede que sea yo el que haya variado la percepción. No sé, antaño recuerdo que era como si eso de morir no fuera conmigo. Desde luego, era consciente de que moriría, pero lo veía como una gestión muy distante como para preocuparse en prepararla. Ahora pienso que la diabetes, por ejemplo, es como un posit en mi espíritu colocado para que no olvide mi mortalidad.

Supongo que las cosas van cambiando. Y diréis que son cosas de la edad, aunque, si me permitís la solicitud, os agradecería que nadie me dijera algo así: resulta de lo más manido. Y, de todas formas, no creo sinceramente que la edad tenga nada qué ver. Otros afrontan cosas peores e incluso a edades mucho menores que yo, y otros no afrontan nada hasta que son octogenarios.

Con las medidas de marketing del ahorro adoptadas por la Junta me he librado de tener que pasar un reconocimiento médico anual. Ahora el susto es bianual, y mi serenidad lo agradece. Mi serenidad empieza a estar algo sensible tras tanto sobresalto. Con este nuevo sistema, además de ahorrar unas pelillas al Estado, (que sin duda derrochará alegremente en cosas más útiles que yo, como mapear el clítoris o invertir en viajes a Canarias para senadores apasionados), puedo pasar un año sin conocer qué nuevo mal se está gestando en mi interior, esperando acechante la ocasión para acabar conmigo. Quiero decir que, si ninguna de las otras enfermedades que me han descubierto logra terminar el trabajo, la recién llegada tendrá su oportunidad. No puedo asegurar que no lo piense a veces. Me imagino cuántas enfermedades mortales no tendré ocultas en algún recóndito –la palabra recóndito difícilmente se puede asociar conmigo dado mi peso en la actualidad, pero no se me ocurre otra mejor- y oscuro vericueto de mi organismo, frotándose las manos con fruición, a la espera del inminente final.

En mi último reconocimiento, del que, siguiendo alguna sádica directriz para prolongar mi agonía, aún no tengo resultados definitivos, me han detectado una PQ reducida. Dicho así, seguramente, a la mayoría, no os diga nada. La primera pista para relajar un poco la cara de haba, es que la PQ está relacionada con una prueba: el electrocardiograma. Quizá algunos sepáis ya de mi desafortunada herencia genética en relación con los problemas cardiacos. Hay una importante rama de mi familia que no se ha caracterizado por poseer un corazón fuerte. Corazón de león, así es como jamás nos han llamado, si queréis saberlo. 

Ahora mismo, estoy a una pequeña onda delta para el colapso total. Bueno, es posible que no tenga esa onda delta, al menos todavía. A lo mejor nunca la tengo y esto no sea nada más que una pequeña anomalía en la prueba. En este sentido, la médico que me ha explorado, -y debo aclarar que me exploró tan sólo médicamente- no ha querido ir más allá. Me ha recomendado que vaya a mi médico de cabecera, para que me repita el electro y decida, en su caso, mandarme al cardiólogo. Lo bueno de todo esto es que no me dan chungos ni vahídos. Que no me den chungos ni vahídos es buena señal, según tengo entendido. Los chungos y vahídos nunca auguran nada bueno. Si me hubiera dado algún desvanecimiento, seguramente ahora en lugar de estar escribiéndoos unas melancólicas líneas informativas mientras trato de tomármelo con humor, os estaría escribiendo unas aterradas líneas de despedida mientras trataba de tomármelo con entereza de espíritu.

El caso es que mientras siga por aquí, seguiré tratando de contaros cosillas. Por ahora ya he narrado bastante, quedémonos con lo bueno, sin olvidarnos que toda situación tiene una enseñanza que darnos. En este caso, creo que todos hemos aprendido que una PQ reducida no es especialmente preocupante si no hay cerca una onda delta.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Formas Químicas

       Hoy he estado con una eminencia química. Un profesor emérito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Un tipo que, aunque anciano, conserva la claridad de ideas y brillantez de pensamiento que posiblemente le hayan llevado a obtener ese nombramiento.

            Charlando, compartió una reflexión conmigo: “Cuando la gente dice que no quieren cosas con “química” no se percatan de la tontería. A fin de cuentas, ¿qué no tiene química? Todos somos química. La naturaleza es química. Un producto, por llevar el prefijo bio- no tiene porque ser menos degradable que otro que no lo lleve, aunque sí más desagradable. No se dan cuenta que ellos son química, yo soy química, tú eres química… hasta Emily Ratajkowski es química.”

Yo le expresé mi conformidad, aunque le respondí que sin duda Emily Ratajkowski es una química mucho mejor ordenada que la nuestra.

A estas alturas es difícil discutir que todo el mundo natural es química, pero es igualmente innegable que hay química y química. El viejo profesor no discutió tal punto. De alguna manera, la química de Emily está mejor hecha, más conseguida. Una química que atrae, en vez de repeler. Le propuse a mi amigo el profesor emérito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas que, para evitar el rechazo natural que a la gente le produce la química, presentaran los objetos químicos con una forma tan atrayente como las de Emily.         

La química de Emily podría resolver muchos conflictos. Supongamos que conseguimos que los judíos vean a los palestinos como todos vemos a Emily. O que en vez de hordas de negros escalando las vallas de Melilla viéramos hordas de emilys escalando las vallas. ¿No es probable que hasta les abriésemos las puertas y les invitáramos a nuestras casas? Imaginemos qué pasaría si la bancada del PP viera en la del PSOE a emilys sentadas allí… sin duda los acuerdos se alcanzarían sin dificultad. ¿Se querrían acaso independizar los catalanes si vieran en cada españolito una réplica exacta de Emily? Desde luego, acabaría siendo bastante comprometido visitar Cataluña, pero dudo mucho que persistieran con la cantinela...  

Hablando con mi viejo amigo el profesor, nos dimos cuenta de todo lo que la química podría hacer por nosotros si pusiéramos un poco de Emily en sus formulaciones.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Yogures Felices

A menudo, cuando hablo con mi alma inmortal, me pregunto qué sentido tiene todo esto. Y cuando escribo todo esto, me refiero, claro está, a la existencia. A qué hacemos aquí, o por qué nos arrastramos por estos lares… Mis conversaciones con mi alma inmortal, a menudo, toman este cariz. Claro que otras veces me pregunto si realmente un yogur nos puede proporcionar la felicidad. 

Tal parece, al menos, cuando ves los anuncios de yogures que portan cositas para que, si nos tenemos que creer lo que vemos, hagamos de vientre como la seda.

Quiero decir que un estreñimiento puede hacer de uno un tipo huraño y desdichado, de los que miran de forma peyorativa al mundo y a las personas que lo habitan, llevándolo a ocultarse en las sombras de una buena caverna, como en su día hizo Sméagol.  Tampoco parece discutible que un tránsito armonioso y fluido puede hacerle a uno ir por la vida con un talante jovial y epicúreo, dotándolo de una flexibilidad en los andares y una ligereza de movimientos muy reseñables. Pero de ahí a pensar que el estado de felicidad perpetua venga dado por hartarse de comer un yogur concreto…

Puedo llegar a creer que un yogur sea capaz de colaborar en el destape de los conductos mejor obliterados, pero no es lo único con capacidad fluidificante. El alcohol, por ejemplo, suele tener el mismo efecto si lo bebes en un volumen adecuado… Claro que, ahora que lo pienso, el alcohol también tiende a anunciarse como un magnífico spray que dispersa felicidad para todos. Quizá el problema sea que, hasta hoy, no había entendido bien los anuncios de cerveza con guapos jóvenes de radiantes sonrisas y cervezas en las manos, disfrutando en la playa, o en cualquier otro sitio donde los publicistas quieran ponerlos… El motivo de su algarada no es exactamente el estar pasando una buena jornada en compañía de gente guapa, embriagados todos ellos por el amarillento elixir, sino el ser todos portadores de un aparato digestivo en perfecto estado de revista, especialmente en su zona excretora.

Supongo que por estos motivos mi alma inmortal suele recordarme que es mucho mejor consumir yogures del montón que yogures que te prometen la felicidad eterna, y luego aflojar los bajos jalándote media botella de whisky.

            Mi alma inmortal tiene estas cosas.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Localizando Aberrantes


Queridos lectores, hoy me gustaría escribiros sobre uno de los cursos más coñazos que he asistido en mi vida. Definirlo como horripilante se me antoja ser excesivamente blando con el uso de los adjetivos en una definición. Les puedo asegurar que durante su celebración llegué a plantearme clavarme el bolígrafo en la yugular, mientras una chica, que ni siquiera era atractiva, hablaba de la preparación de un ensayo de intercomparación de materiales de referencia certificados. Si no lo hice fue porque me estimo demasiado como para clavarme nada, ni siquiera las plumas de insulina. Los que me conocen saben que prefiero tener una glucemia de 200 que atravesar mi fina cutícula con la puntiaguda aguja rebosante de insulina... Soy consciente de que, a la larga, la glucemia acabará conmigo, pero al menos dejaré un bonito cadáver, con su cutícula intacta y todo.

En una de las prácticas del curso –y aviso que cuando hablo de prácticas, me refiero a ver cómo la ponente hacía cuentas en la pizarra- nos enseñaron un método estadístico para localizar y eliminar Aberrantes. Es el conocido método Cochran. Al parecer le gasearon después de identificarlo como un ser Aberrante aplicándole su mismo método. Pobre pardillo.

Meditando sobre el método, me he preguntado: ¿por qué no lo aplicamos en nuestros asuntos? Quiero decir, por ejemplo, en política. No me negaréis que así, a primera vista, sin que Cochran nos diga nada, uno diría que la política esta plagada de seres aberrantes. Sin embargo, las apariencias engañan. Si tuviéramos que pensar en un político aberrante, en seguida se nos vendrá a la cabeza imágenes de alguien como el Consejero de Sanidad de Madrid. Sin embargo, si aplicásemos el método Cochran, quizás nos lleváramos una sorpresa. Resulta que el método vale para determinar qué elementos no se ajustan a la normalidad en un grupo concreto. Y, claro, si lo aplicamos a la normalidad de los políticos que padecemos, quizá encontremos extraños resultados… Vamos, que los más aberrantes podrían no ser precisamente los aberrantes esperables… 

Es decir, ¿y si resulta que la más aberrante es, por ejemplo, Soraya? 

Lo malo de la estadística es que a veces te sale con resultados que te disgustan… Y, sin embargo, como todo estadístico sabe, lo bueno es que, como dijo alguien, los números son como las personas, en un sentido al menos: si los torturas suficientemente al final acabaran por decirte lo que quieras. Si la más aberrante fuera Soraya deberíamos aplicar el método del bueno de Cochran a la inversa: en lugar de buscar a los aberrantes para eliminarlos, buscarlos para quedarte con ellos.

Y eliminar a todos los demás. 

Bueno, creo que me estoy empezando a liar, mejor voy a dejarlo antes de que escriba algo que pueda aburrir. Os voy a abandonar a vuestra suerte hasta mi próxima garcivolalla, que debo volver al curro de todos los días, que si no mi jefe se cabrea. Y si un jefe en buenas relaciones ya es algo bastante insoportable, uno cabreado es para plantearse seriamente el atravesar tu cutícula con algún objeto punzante, incluso si eres uno de esos que estiman en demasía la integridad de su cutícula. Por suerte, ya voy conociéndole y cada vez estoy más adaptado a sus cambios de humor, no como él, que según dice, tras más de veinte años, aún no ha logrado adaptarse a su suegra. De hecho, en palabras de mi jefe, su suegra es de las que escarban el suelo y se echan arena en el lomo. 

No sé por qué, pero cuando realizó esta descripción acabé pensando en Soraya…

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Metamorfoseando el Arca... qué?

Ante todo, quiero daros la bienvenida, queridos blogadictos.

Este... Blog surgió ante una amable demanda de mi editor.

La primera vez, me dijo: Te sugiero que, en aras de que puedas ser conocido y reconocido, deberías tener un Blog.

¿Un qué?, le pregunté yo entre extrañado y divertido.

Y él, seriamente, como si esto fuera la cosa más normal del mundo, me repitió: Un blog.

Al final, tras hacer mis investigaciones, me di cuenta de que sí, de que un blog es la cosa más normal del mundo... y que hasta yo había visitado blogs sin saberlo.

El caso es que me puse a ello, pero claro, el esfuerzo de aprender a hacer un blog, partiendo desde la nada y a merced de mis conocimientos previos, que, no les mentiré, son similares a los que poseo del ciclo reproductivo del pingüino de Adelia, me resultó una tarea ímproba que sinceramente no llegué a completar. No exagero si confieso que pasé día y medio sólo para meter mis datos y contraseña, debido a que no me fue fácil dar con un nombre de usuario no usado. Entenderán que esto desanima al más corajudo.

Sin embargo, si estoy aquí escribiendo mi primera entrada es porque la guerra no acabó en ese momento. Y buena culpa de que el blog no saliera vencedor tras ganar su primera batalla la tiene mi editor. Tras varios avisos, cada vez más conminatorios, decidió pasar a palabras mayores. Me llegó a decir que, hoy en día, no basta con escribir libros, hay que venderlos, y para ello hay que aprovechar los medios de que disponemos. Según parece, no somos escritores, somos marcas, como  Coca Cola, Nike o Zara. Sólo que, como marcas, no usamos a niños del tercer mundo para hacer el trabajo. Bueno, alguna marca-escritor usará negros, pero yo no estoy en ese nivel, ni mucho menos.

Visto que sus amables invitaciones y consejos caían en saco roto, y que mi blog no pasaba de ser un proyecto en el aire, o, mejor dicho, en la nube donde están los proyectos inacabados de internet, mi editor empezó a ser más agresivo y hasta diría que amenazante.

Como comprenderán, no hice mucho caso. Uno ya sabe como son estos editores de exagerados... o eso al menos pensaba yo. Hasta ayer. Mientras caminaba plácida y rítmicamente, como suelo pasear cuando paseo, por una céntrica calle de mi ciudad, una maceta, se supone que accidentalmente, cayó desde un cuarto piso a unos veinte centímetros delante mía. Recordé entonces que entre la variada gama de amenazas usadas, mi editor mencionó algo de un sicario.

Sicario por medio o no, aquí estoy, dichoso y orgulloso de lo bien que ha quedado mi blog, y escribiendo mi primera entrada... ¡Ah, se me olvidaba! Si hago esto es por dos motivos: el entablar una amigable relación con otros lectores y escritores de blog y, sobre todo y muy especialmente -para que engañarnos-, para que mi editor se quede contento y suspenda cualquier contrato con cualquier sicario, caso de haberlo.

Y si de todo esto alguien acaba conociendo mi libro...


Ya que estamos, aprovecho para dejaros un par de enlaces:
http://www.mundopalabras.es
http://es.paperblog.com
http://learning-true.blogspot.com.es
http://www.coverset.es
http://dondeloslibrosduermen.blogspot.com.es
http://alricolibro.blogspot.com.es/2014/11/el-playboy.html
http://adivinaquienlee.blogspot.com.es
http://tedeseounlibro.blogspot.com.es
http://amacrema.blogspot.com.es


Disponible en:
En su tienda Amazon habitual.
Librería Hojablanca, Toledo
La Central de Callao
La Librería Figueroa en Cáceres
Librería Taiga, Toledo
librería El Renacimiento. Sevilla.